Leandro González: «Los recursos en Argentina, un debate pendiente»

El bolsillo de los argentinos duele, y los síntomas de esta patología parecen estar lejos de desaparecer. A esta altura, es más que evidente que la inédita y prolongada crisis sanitaria desatada por la pandemia del covid-19 ha venido impactando con particular dureza en una economía que desde hace ya varios años viene padeciendo una persistente crisis económica, cuyas consecuencias se hacen sentir en las más diversas actividades productivas y de servicios, y en el empleo.

Si los últimos 10 años han sido de una inflación creciente, este último año de pandemia, con el freno a la actividad económica, las pérdidas de empleos, la caída en el poder adquisitivo del salario real y los incrementos en los precios de alimentos, combustibles, indumentaria, entre otros rubros, la gran mayoría de los santafesinos y argentinos tienen serias dificultades para llegar a fin de mes. Lamentablemente, y como suele ocurrir en estos escenarios de crisis, el impacto ha sido mayor en los sectores más vulnerables, como los trabajadores de la economía informal o los pequeños productores y comerciantes.

Si bien se trata de una realidad que, en términos generales, afecta a todos los argentinos, nuestra provincia cuenta con potencialidades, recursos y herramientas que debieran aprovecharse mejor para mitigar los efectos de la crisis y procurar retomar cuanto antes una senda de crecimiento. Vivimos en una región que ha sido bendecida por la naturaleza con las tierras mas fértiles del país y un acceso privilegiado a las principales vías fluviales, una provincia que no sólo se ha quedado estancada en la producción primaria sino que ha desarrollado una industria que incorpora valor agregado a la producción y que, por encima de todo, cuenta con una cultura del esfuerzo y del trabajo que se remonta a nuestros abuelos y bisabuelos que llegaron del viejo continente a labrar la tierra con el sueño del progreso.

Salir del laberinto para crecer

Nuestro país sabe de crisis. Hace 20 años, el INDEC reportaba que casi la mitad de los trabajadores asalariados estaban en al economía informal, es decir no tenían un empleo estable y no contaban con derechos básicos como vacaciones pagas, aportes jubilatorios o cobertura de salud. Con mucho sacrificio, hace 10 años logramos que esa alarmante cifra se redujese hasta rondar a 3 de cada diez asalariados. Si bien es notable la mejora, contar con 36% de los trabajadores en tal informalidad no es un panorama alentador. Hoy, el INDEC informa que aún rondamos el 30%. El mismo retroceso podría señalarse con respecto a la inflación, la pobreza, el desempleo o el salario real.

Largas colas en busca de un empleo en Argentina

La Argentina parece, lamentablemente, encerrada en un laberinto cuyos pasillos nos llevan inexorablemente a los mismos lugares: suba de precios, inflación, devaluación, ajuste, falta de incentivos para invertir, entre otros padecimientos. Mucha de esa responsabilidad recae en un gobierno central (más allá de quienes gobernaron en la grieta en los últimos 15 años) que, progresivamente, ha venido concentrando cada vez más recursos en detrimento de las provincias y municipios. No es concebible que, en el marco de un país federal, una provincia tan productiva como Santa Fe y tan solidaria en términos del aporte de recursos coparticipables, tenga que recurrir a la justicia para reclamar los fondos que le corresponden por derecho propio. Como lo hicieron Hermes Binner y Griselda Tessio con todo el arco político provincial y como lo consolidaron en las gobernaciones de Antonio Bonfatti /Jorge Henn y Miguel Lifschitz / Carlos Fascendini con fallos de la CSJN.

Esfuerzos compartidos

Estoy convencido de que el camino para producir un impacto positivo en la economía no depende de una sola persona, pero sin dudas, las principales responsabilidades para abordar la crisis residen en el estado nacional ( por la centralidad de recursos que administra) y su capacidad (o no) de articular con los estados provinciales y municipales. En este sentido, sin grietas, es necesaria una convocatoria a la oposición y a los gobiernos locales para trabajar colaborativamente.

La Nueva Agenda Urbana que plantea la ONU indica que hoy el 55% de los habitantes vive en ciudades, y el 70 % lo hará en 2050. Las ciudades son, cada día más, el epicentro de tensiones y disputas por acceso a derechos por acceso a bienes y servicios básicos como el acceso a la vivienda, a los servicios básicos, a la vida digna. Con lo cual, es imprescindible la discusión sobre la descentralización de recursos para atender las demandas lógicas y justas de nuestros vecinas y vecinos. En la ciudad, el modelo Santa Fe que impulsa el intendente Emilio Jatón y el Equipo busca, a través del Plan Integrar, achicar las brechas de desigualdad y acceso a servicios básicos. Una tarea difícil en los tiempos de Pandemia, pero imprescindible para hacer una ciudad mejor. Nunca, en ningún país del mundo, se superó una crisis únicamente con el trazo de la pluma de un presidente, o una decisión tomada por un puñado de ministros o gobernadores entre cuatro paredes. Desde la recuperación de países devastados por las guerras, hasta la reactivación de economías golpeadas por fenómenos naturales o la acción del hombre. Todos llamaron a grandes acuerdos nacionales y trasversales a la sociedad, nutriéndose del diálogo y la diversidad de intereses y puntos de vista.

Estoy convencido que sin trabajadores en las industrias y en el campo, sin los comerciantes que levantan temprano sus persianas, sin los maestros y maestras que dan clases a diario, sin las fuerzas de seguridad que nos cuiden, sin miles de santafesinos y santafesinas que diariamente nos levantamos para intentar hacer mejor las cosas respecto al día anterior, no hay salida posible. Pero, sobre todo, estoy seguro de que sin gobiernos nacionales y provinciales a la altura de las circunstancias, el notable esfuerzo que la sociedad esta haciendo, se desvanece en el aire.

No son tiempos para especuladores, para oportunistas, o mero comentaristas de la realidad, sino de hacedores. De hombres y mujeres con capacidad de gestión, pero también con la visión y la humildad necesarias para construir acuerdos amplios que nos permitan avanzar con convicción hacia el futuro que nos merecemos. Necesitamos liderazgos con capacidad de diálogo y vocación de escucha y, fundamentalmente, con la capacidad de acción que deriva de la legitimidad electoral y de los consensos que garantizan gobernabilidad y políticas sostenibles en el largo plazo.

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